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LO SEGURO ES QUE HAY QUE TOMAR RESGUARDOS + UN SEGURO

La mejor seguridad parte de uno mismo.
Estar bien entrenado, física y psicológicamente.
Alimentación e hidratación.
Tener la moto adecuada, con revisiones periódicas…neumáticos, rayos, puños, pedalines, carburación o inyección, filtros, etc.
Contar con el casco, las botas, guantes, jofa, accesorios indicados.
Llegar a carreras y entrenamientos sin alcohol en el cuerpo ni sustancias ajenas al organismo.
Haber dormido bien antes de la competencia.
No ir por trofeos ni medallas a grips desconocidos. Practicar siempre antes.
Tampoco correr con alguna enfermedad o malestar que no nos permita concentrarnos en un 100%.
Bajarse de la moto si has recibido un golpe fuerte.
Andar con herramientas básicas, con un celular en caso de emergencia.
No estirar el cogote a la máquina más allá de tus límites.
Tener conciencia, siempre y en todo lugar, hasta en la bajada más insignificante, que el motociclismo conlleva riesgos, que es un deporte extremo.
Y hasta ahora, con una cuota de fortuna, nos había ido bastante bien durante décadas.
Fallecidos sí, unos pocos, pero no en pistas. Este año : 2 (Ritoque y Putú) en plena competencia; 2 hermanos por un aluvión que se los llevó en Putaendo y un quinto entrenando en La Serena. Recuerdo emocionado.
Tetrapléjicos, parapléjicos sí, la mayoría fuera de pista. Este año : 2 más, en Curicó y en El Rutal.
Cada uno con su historia motera de respaldo, pero que no le sirvió a la hora del golpe.
Insistimos que la seguridad parte por uno mismo, pero también –pensando en que hay un futuro para los que quedan lesionados por siempre, que existe una familia alrededor- es necesario ser responsables como el que más…Un buen plan de salud en Isapre (aunque posiblemente se hagan las lesas con los motociclistas) o, al menos, atención en Fonasa.
Y para qué decir lo imprescindible de un seguro contra accidentes, lamentablemente cada vez más escasos en el mercado y en peligro de extinción para la actividad que nos preocupa. A veces se hace cuesta arriba para el piloto pagar $ 150 mil pesos al año, por ejemplo, pero un accidente puede llegar a costar hasta 70 millones de pesos.
Los deducibles bajos también complotan, ya que muchos pilotos ocupan los seguros hasta por la esguince de un dedo de la mano, haciendo fruncir el ceño a las aseguradoras (que siempre se quedarán donde ganan).
Tal vez tendremos que inventar un seguro propio, un “auto-seguro” para accidentes catastróficos.
Un tema que, sin duda, debemos pensar urgentemente entre todos.

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