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KUKI GARDULSKI Y SU DURA PRUEBA DE VIDA: “ESTUVE SUMERGIDA EN EL BARRO HASTA LA CINTURA POR 8 MESES”

El recorrido de todo ser humano viene acompañado de fechas y días cumbres que marcan un punto de quiebre. Ese es el caso que experimentó Josefina Gardulski Pinto el 5 de septiembre de 2013. Hasta ese instante la carrera deportiva de la ‘Kuki’ avanzaba viento en popa. Acompañada por importantes éxitos en el enduro, la joven rider de por entonces 25 años había cumplido una excelente actuación como debutante en el Dakar que despertaba altas expectativas de cara a su futuro en la disciplina del rally cross country, sobre todo luego de haber sellado un acuerdo para proseguir su trayectoria como en calidad de piloto Factory de la marca francesa Sherco. A solo 3 meses del Dakar 2014 las cosas no podían estar avanzando de mejor forma para la oriunda de Victoria, IX región sin embargo, esa escalera en permanente ascenso se detuvo de un segundo a otro luego que se le detectara un infarto pulmonar derivado de una trombosis en una pierna. A 6 años y medio de ese evento que la tuvo entre la vida y la muerte, Gardulski abre su corazón para contarnos en primera persona el impactante proceso que ha afrontado desde ese día, un camino no exento de incertidumbre, cuestionamientos y momentos difíciles, pero que a la larga le ha permitido aprender y crecer como persona, consciente que el destino le dio una segunda oportunidad que bien vale disfrutar a fondo.

A Josefina se le prendió fuego la moto
Gardulski superó pruebas muy complicadas en el Dakar 2013, pero lo más duro estaba aún por venir.

LA KUKI Y UN RELATO IMPERDIBLE

 

Punto de quiebre

“Luego del Dakar 2013 había firmado contrato con Sherco Factory. Me pasaban moto para entrenar en Chile y además tenía lista en Francia el modelo que ocuparía para la edición 2014. Era una moto hecha para mi, pero me comencé a sentir mal. Tenía un resfriado raro y un dolor en la pierna. Me hicieron muchos exámenes, pero no lograba saber que era. Luego de pasar por varios médicos fui a un vascular y me dijo que no tenía nada, sin embargo, el dolor ascendió al tren superior. Me dolía respirar e incluso se llegó a pensar que tenía cálculos renales, lo cual se descartó tras nuevos exámenes”.

 

Máxima preocupación

“Todo se puso complicado, ya que luego comencé a escupir sangre por unos días. Era todo raro. En ese momento me hicieron un TAC de tórax y una prueba de contraste. Ahí me descubrieron un infarto pulmonar que lo había tenido por una semana”.

Impacto profundo

“Me llevaron a urgencias y el doctor vascular me dijo: ‘cabra, tú no puedes andar más en moto”. Pese a la situación que estaba atravesando de inmediato le contesté “qué se imagina usted, qué se cree, no sabe con quién está hablando. Vivo para andar en moto. Váyase’».

Dimensionando el golpe

“Durante esos días que tuve los dolores pensé que me iba a morir. No podía respirar. Era todo muy extraño. Ni siquiera con una fractura en moto llegué a sentir dolores tan fuertes. Cuando me dijeron que el infarto pulmonar era igual que uno al corazón dije ‘guau’. Comencé a tomar conciencia de lo que tenía”.

A un paso de la muerte

“Me llevaron a la unidad coronaria. Estuve dos días enchufada entera sin poder colocar una ‘pata’ en el suelo y con medicación a la vena. Ahí fue cuando me detectaron que además tenía 8 pedazos de trombo en mi pierna y un tercio de pulmón muerto. Ante este cuadro los doctores me dijeron: ‘un día más sin atención y te mueres’”.

Lucha contra la realidad

“El diagnóstico me lo dieron el 5 de septiembre (2013), por lo tanto quedaban 3 meses exactos para el Dakar, carrera que hasta ese minuto seguía convencida que la iba a disputar. Los doctores insistían en que si volvía a la moto moriría, pero les pedía que me sanaran y que luego viéramos el tema, ya que aún quedaba tiempo para la competencia. El médico tenía la película clara, pero por mi lado seguía empecinada en correr. No me cabía la posibilidad de no estar presente”.

Sin darse por vencida

“Tras recibir el alta médica estuvo unos días de reposo en casa y comencé a recuperar mi capacidad respiratoria, sin embargo, no me pude subir a la moto porque no tenía el pase. Ante esta situación fue que visité muchos doctores y como nadie me daba una respuesta positiva decidí ir al CAR (Centro de Alto Rendimiento) convencido que ahí si me darían los papeles de autorización. Hablé con mi psicólogo, quien de inmediato me dijo que era un tema complicado. Él me derivó a otra doctora”.

Patología anti Dakar

“Tengo una mutación genética que me produce una enfermedad autoinmune. Eso provoca que sea una persona trombofílica. Todos tenemos proteínas que desarman las trombosis, pero mi cuerpo en lugar de desarmarla la termina anulando. En conclusión nadie te firma una autorización para correr el Dakar con esa patología”.

Crónica de un adiós anunciado

“Luego fui donde una oncóloga que no me privó de correr, pero me dejó en claro cuáles serían las consecuencias de participar en el Dakar sin remedios. Ahí fue cuando entendí que las motos se acabaron para mi”.

Depresión máxima

“Me fui a la cresta. Traté de refugiarme en las bicis, lo hago para pasarlo bien, pero aquellos que me conocen y han visto tanto en la moto como en la bici saben lo distinta que soy cuando estoy en una moto. Tanto la bici como el trabajo me han ayudado, pero reconozco que en un momento me sentí muy frustrada y enojada con la vida”.

Tocando fondo

“Lo peor de ese proceso es que me sumergí en mi misma. Fue la peor forma en que pude haberlo enfrentado. Hasta me alejé de mis amigos. Estuve 8 meses sumergida con el barro hasta la cintura”.

Viendo la luz al final del túnel

“Ese momento cambió cuando me enteré de la muerte del hermano del Nano Di Maria (Pablo, víctima de una fibrosis quística). Eso fue una cachetada para mi. Ahí tomé conciencia que estuve cerca de quedar postrada en una cama, pero que en cambio se me había dado la posibilidad de seguir adelante con secuencias mínimas, por lo que tomé la decisión de afrontar la vida de otra manera. En ese instante cerré un libro, di vuelta la página e inicié una nueva historia”.

Enfrentando la nueva vida

“El gran problema que debí sortear luego del alta médica es que me sentía bien físicamente, por lo tanto me cuestionaba por qué no podía volver a estar sobre una moto. En ese momento ya podía saltar, correr e incluso darme una vuelta de carnero, pero correr en moto de forma competitiva como siempre lo hice es algo que implica un riesgo muy grande en mi salud”.

Pasión dolorosa

“Desde que me diagnosticaron el infarto y trombosis he andado unas cuatro veces en el cerro sobre una moto, nada más. La última vez que me di una vuelta sobre un cerro fue en el CEO. Matías Ovalle me prestó una moto y salí inyectada, pero luego sufro y me hace mal porque extraño no poder estar en las carreras. En esos momentos me aíslo porque siento que parte de mi está inválida”.

Un aprendizaje invaluable

“El Dakar me enseñó muchas cosas buenas y malas de la vida, lo que se acentuó desde la situación médica que viví desde septiembre de 2014. La pasé muy mal, pero he aprendido que de todo siempre es posible sacar lo positivo. Pese a que cueste, es necesario tomar las cosas como un aprendizaje y no como un castigo. Por lo general te das cuenta de esas cosas con el paso del tiempo, y en mi caso reconozco demoré en internalizarlo, pero lo importante es que fui capaz de lograrlo”.

Nuevo capítulo

“Me replantee la vida, y de verdad que estas situaciones difíciles te llevan a aprender y pensar de manera diferente. De ahí en más he sabido manejar las cosas de mejor forma. Por mucho tiempo tomé medicamentos y hasta la fecha debo realizarme exámenes. Reconozco que paso miedo, ya que si las pruebas llegan a salir alterados deberé inyectarme todos los días de mi vida cada 12 horas. Es peludo, pero he aprendido a darme cuenta que no es una limitación para seguir adelante. En ese sentido me he reorganizado y he valorado más lo que tengo para seguir recorriendo este senderito hermoso que es la vida”.

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