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EL CALAMEÑO YAMIR ORTIZ Y SU ASOMBROSO ANECDOTARIO DAKARIANO

Correr un Rally Dakar es sinónimo de aventura, exigencia y riesgo, pero si a estos aspectos le sumamos llegar poco preparado, sin experiencia y acompañado de una moto lejos de un nivel competitivo la verdad es que el desafío se vuelve por momentos en una verdadera odisea, tal como lo vivió el calameño Yamir Ortiz, quien hoy a sus 28 años de edad rememora con lujo de detalles todas sus increíbles vivencias en la prueba de rally raid más dura del mundo. En este primer capítulo el actual ingeniero en minas narra la infinidad de anécdotas que experimentó en la edición de 2013 por Perú, Argentina y Chile, la que estuvo acompañada de historias dignas de ser contadas en un libro.

Con un look muy distinto al que le conocimos, el rider del desierto rememora junto a S Motos la primera parte de sus increíbles anécdotas dakarianas

LA INCREÍBLE RUTA DAKARIANA DE YAMIR, PARTE 1

 

Afición por el rally

“Si bien partí muy pequeño haciendo motocross, el rally fue una gran pasión desde que tenía 8 años. Recuerdo que soñaba por las noches con los Paris Dakar que corría Carlo de Gavardo, y desde ese momento me dije algún día voy a estar ahí. Increíblemente cuando el Dakar llegó a Sudamérica nunca lo fui a ver, y eso que pasaban por el frente de mi casa, pero las ganas de disputarlo seguían muy presentes hasta que se dio la oportunidad de tomar acción y cumplir mi sueño”.

 

Regalo caído del cielo

“Mi padre recibió un bono minero y puso todo el monto para que cumpliera mi objetivo de correr el Dakar. Me dijo ‘tu dale nomás’. La verdad es que mi familia siempre me ha entregado todo su apoyo. Ahora mi papá me pide que en algún momento más adelante me raje regalándole una moto, jajaja”.

Primer contacto dakariano

“Me sentí raro en la presentación del evento que se hizo en La Moneda (diciembre de 2012). Obviamente conocía a todos los pilotos por la cobertura que hacen ustedes en Revista S Motos y por lo que veía en Facebook, pero nunca había estado en contacto con ellos. Si bien nadie me ubicaba, debo decir que ese día fue especial, ya que estaba cumpliendo un sueño”.

 

Aprendizaje express

“Antes de mi debut en el Dakar viajé a Argentina para hacer un curso de navegación que impartía ASO. Ahí tuve ocasión de compartir con Nani Roma y ver a pilotos como Marcos Patronelli. Era increíble estar con gente que hasta hace poco solo veía como ídolos. Aprendí mucho de esa experiencia”.

 

Mecánica de la ‘prehistoria’

“La primera Honda que ocupé en el Dakar la compramos cero kilómetro, pero le instalamos un kit súper antiguo que a esa altura ni siquiera se ocupaba. A las suspensiones no les hicimos absolutamente nada. Imagínate que ni siquiera llevé amortiguador de dirección en la moto”.

Buenas migas con ‘QuintaFondo’

“Partí el viaje de Santiago a Lima muy contento porque coincidí en el vuelo con Pablo Quintanilla que también debutaba ese año en el Dakar. No nos conocíamos, pero a la hora de bajarnos del avión se acercó a preguntarme si era Yamir Ortiz. Fue muy amable, de hecho después nos fuimos juntos en una van al campamento de Lima e incluso me ofreció la posibilidad que armara mi carpa al lado de su camión de asistencia, pero justo en ese momento llegó mi papá y nos fuimos rumbo a un hotel. Desde ese instante comenzaron las aventuras».

 

Salvado por Giorgio de Gavardo

“Partimos el Dakar con problemas en las verificaciones, ya que llevaba solo efectivo y no tarjeta de crédito que era el único medio pago que aceptaba la organización para dejar dinero en garantía por el uso del GPS. Me encontraba súper angustiado ante la posibilidad que ni siquiera pudiese largar la carrera, pero en esa ocasión mi salvador fue Don Giorgio de Gavardo. Me ayudó muchísimo, partiendo por el hecho que me pasó su tarjeta para que pudiese cancelar el monto por el GPS. Lo divertido es que me atrasé tanto en los trámites que quedé a la par en horario con los pilotos de elite. En ese instante se mezclaban sentimientos de felicidad y angustia en mi cabeza, ya que por una parte estaba disfrutando de compartir con los mejores del mundo, pero por otro lado me angustiaba pensar en que podría llegar a recibir alguna sanción por mi retraso. Afortunadamente no pasó nada malo”.

 

Primeros dramas técnicos

“Pasé el drama de las verificaciones, pero luego vino otro problema en la protocolar, ya que mi moto no quería partir. El tema es que tras las verificaciones técnicas se había desconectado una manguera y durante la noche previa a la largada había botado toda la bencina. Por suerte unos caballeros de la organización me ayudaron a sacar la moto y mi papá la empujó hasta una bencinera donde cargamos combustible y finalmente pudimos hacerla partir”.

Foto: Max Montecinos

Un perro en el camino

“Tras largar a la moto me dispuse a llegar a la tarima de presentación, pero antes de arribar se me cruzó un perro y lo terminé atropellando. Me rompí todo el pantalón. De no creer, ni siquiera largaba y ya tenía acumulada una infinidad de historias”.

 

Sin cadena

“En la segunda etapa que era Pisco-Pisco viví otra anécdota durante el enlace previo a la partida. Se me cortó la cadena de la moto. Me quería morir. El caballero que venía detrás en un auto alcanzó justo a frenar. Se detuvo y me ayudó a colocar la moto en una zona más segura. En ese instante pasa la policía peruana, les comento lo que me pasó y les pido por favor si me pueden de llevar de regreso al campamento para cambiar la cadena. Afortunadamente accedieron y eso me posibilitó seguir en competencia”.

 

Amigos peruanos

“Si bien penalicé por llegar algo tarde a la largada, la verdad es que disfruté mucho de esas etapas en Perú a campo traviesa en terrenos que me hacían sentir como corriendo en casa. Me encantaba competir en la arena. De hecho en esa especial superé un montón de rivales sacando partido a mi buena navegación, pero faltando 50 kilómetros para el final la moto se comenzó a ahogar luego que se tapara el carburador a raíz que le entraran los pelillos que sueltan los tanques de fibra de vidrio.  La sufrí bastante, ya que tuve que empujar la moto varios metros en subida. Muchos peruanos se agarraron de las manos e hicieron una fila para ayudarme a trepar la cuesta. Algunos gritaban ‘es chileno, es chileno, no lo ayuden, no lo ayuden’, pero en definitiva se portaron muy bien conmigo. Ni te cuento lo cansado que quedé con ese esfuerzo de empujar la moto”.

Con S Motos en la ruta

“Ustedes en el enlace posterior a una de las etapas en Perú me encontraron parado en la carretera, ya que estaba esperando a mi papá para que destapara el carburador de la moto que venía tapándose”.

 

La alegría de llegar a Calama

“Otra etapa dura fue la que hicimos desde Arica a Calama. Lo único que quería era llegar a mi tierra, pero nuevamente la moto se venía chupando por la falla en el carburador. Muchos pensaban que duraría 1 o con suerte 2 etapas, pero logré llegar a mi ciudad. Fue algo lindo”.

 

Energía positiva

“Había momentos en que no daba más del esfuerzo mental y físico al que estaba sometido, pero en esos instantes iba a ser padre y llevaba una foto de mi hijo en el casco que me daba mucha energía para seguir adelante cada vez que las fuerzas flaqueaban. Al llegar a Calama estaba la mamá de mi hijo y mucha gente esperándome, lo que me inyectó de vibra positiva para recargar pilas”.

 

David vs Goliat

“Siempre supe que por garra y corazón iba bien, pero el problema es que iba con una moto no apta para correr un Dakar. Siendo más profesional podría haber llegado a ese Dakar con una mejor condición física, pero la verdad es que la máquina no me acompañó. Vieras como rebotaba en los baches. De hecho ante rivales de mi nivel sentí que estaba corriendo en un V16 contra puros Ferrari. Cada vez que pasaba por un hoyo golpeaba el cubre cárter y sentía todo el impacto en mi cuerpo. Terminaba todas las etapas con los dedos súper hinchados”.

 

Impulso de los amigos

“Después de Calama salimos muy temprano, de noche aún, rumbo a la partida de la especial. Recuerdo que en la gasolinera y mientras recargaban combustible la moto me puse a descansar y en eso llegan mis dos mejores amigos que aprovechando que andaban en una Mahindra se hicieron pasar como escoltas de Chaleco López, jajaja”.

Muerte en el Dakar

“Ese mismo día, entre el frío y la altura me andaba quedando dormido en el enlace y a 50 kilómetros de llegar a la frontera para cruzar me encuentro con un piloto francés (Thomas Bourgin) fallecido en la carretera. Quedé en shock. Luego seguí el camino rumbo al comienzo de la especial con escalofríos ante la situación”.

 

Mojando con balde

“Llegamos a Argentina pero en el enlace posterior comenzó a llover de una forma que no lo podía creer. Truenos y relámpagos espectaculares. Recuerdo que un sector paramos junto a 3 pilotos y la gente nos atendió con un cafecito. Era tan impresionante el aguacero que uno de los helicópteros de la organización debió llevarse una motos de carrera que no podían cruzar una quebrada. Por suerte logre atravesar antes que la inundación fuese tan grande”.

 

Cansancio y nuevos problemas

“En la etapa maratón ni fui a la reunión de pilotos de lo cansado que estaba. Me quedé durmiendo. Después en carrera se me rompió la carcasa de la batería que llevaba al lado de la moto. Como no sabía soldar la llene de tape plomo y de esa forma logré que quedara fija”.

 

‘Dando la cacha’

“Antes de llegar a un cerro gigante cerca de Tucumán me encontré con Marco Reinike. Los dos estábamos dando la cacha tratando de subir. La moto se chupaba y no podía trepar. Logramos pasar ese punto y llegar al campamento, pero en lo personal pensé que no completaría la etapa maratón porque en un momento me perdí y veía todo difícil”.

Sufriendo en Argentina

“Pese a todas las complicaciones tanto en Perú como Chile corríamos por especiales que disfrutaba mucho, pero en Argentina la pasé pésimo. Entre el calor extremo y los caminos angostos tipo rally WRC sufrí bastante, sobre todo en las zonas de curvas donde nunca logré tomarle la mano a la moto para que no derrapara”.

 

Día de descanso del terror

“En el día de descanso en Tucumán sumé un nuevo estrés porque luego de completar toda la revisión a la moto, esta no quería partir. El papá del ‘Burrito’ Rodríguez me reparó una falla en las válvulas y ahí pude retomar la carrera, sin embargo, mi final estaba pronto a llegar”.

Adiós a la ilusión

“Tras superar tantas adversidades llegaría la que desencadenaría mi abandono. En pleno enlace me atropellaron. Un auto que venía muy rápido me pasó a llevar la cola de la moto en medio de una curva. Me dobló toda la cola de la Honda. Si bien afortunadamente no me pasó nada, al intentar echar andar de nuevo la máquina me di cuenta que no había nada que hacer, ya que el tanque rosaba con el neumático trasero, lo que provocaba fricción y por ende estaba la posibilidad que se provocara un incendio. Fue una gran pena porque en Copiapó ya me esperaban para cambiar las válvulas y me encontraba convencido que llegando de vuelta a Chile me las ingeniería como sea para arribar a la meta de Santiago”.

 

Lucha contra la adversidad

“Todo lo hice en base a pasión y las ganas de estar en el Dakar, pero siempre tuve claro que podía llegar hasta un cierto límite. Si los pilotos de punta de nuestro país tienen serias dificultades para conseguir auspicios, imagínate conmigo que estaba partiendo en el rally”.

 

A la caza de la revancha

“Después de mi retiro en el Dakar 2013 pasé semanas duras, pero me prometí volver a la carrera”

 

De la segunda aventura dakariana de Yamir hablaremos en nuestro próximo capítulo, puesto que la edición 2014 trajo nuevas anécdotas e historias en la vida de este “zorro del desierto” que sueña con volver en un futuro cercano a las fauces de la carrera off road más dura del mundo, tal como lo daremos a conocer durante los días venideros en nuestro portal web S Motos.

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