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EDITORIAL REVISTA DIGITAL N°8

ESA IRRITANTE “ACEPTACIÓN” A LA PANDEMIA

Independiente de lo que siga de aquí para adelante con la pandemia del coronavirus, que nos ha hecho ver tinieblas pero también luces respecto a nosotros mismos y a nuestro entorno, ha llegado la hora de cobrar la palabra de aquellas autoridades del país que han aceptado la importancia del deporte al aire libre, indicando que debieran ser abiertos y permitidos  a la gente.

Claro ejemplo de ello son las caminatas o ejercicios mañaneros en gran parte del país, con gente sacando a sus niños, a los adultos mayores y a sí mismos,  a los parques y calles para desestresarse  y dar movimiento a sus cuerpos en vigilia.

Para las motos es algo más complicado por la necesidad de practicar en pistas de enduro o cross llegando hasta lugares más lejanos y saliendo sin los permisos de movilidad necesarios, ocupando bastante rato en los traslados. De la velocidad poquísimo que decir, pues no hay recintos disponibles. Tampoco ayuda el fantasma de la “última cama” que podría ocuparla un motorista y no un infectado en caso de un accidente grave, aunque se produzcan rara vez entrenando y menos compitiendo. Las estadísticas a favor de las dos ruedas en un país de 7 campeones mundiales son atronadoras.

Desde marzo del 2020 hasta abril del 2021 ha estado parada prácticamente toda la actividad motorizada, con el grave riesgo de no ser utilizada con fines benéficos para miles de conductores que, por lo general, no molestan a nadie si dan gas a sus motos en recintos controlados. Con el grave riesgo de desmotivar a cientos de niños y jóvenes que prefieren las motos al carrete, la mala educación y al encierro que provoca ansiedad, inacción, desesperanza y hasta mala relación con sus cercanos.

Salvo carreras puntuales, llevadas a cabo según el protocolo de salud y sin ningún reclamo que hayamos conocido hasta ahora, este deporte ganador, sano, cívico, liberador,  ha sido castrado de la peor manera, incluso por quienes tienen la responsabilidad de desarrollarlo y sacarlo adelante hasta en las peores condiciones.

Ministerio del Deporte, Comité Olímpico, Federación de Motociclismo, asociaciones, clubes, zonales, ANIM, organizadores, productores, pilotos y prensa especializada somos cómplices de un desatino, uno de los tantos que se han cometido, por desidia, error u omisión, ante un panorama tan bárbaro, único en más de un siglo, cierto.

No hemos exigido con fuerza alguna al Estado el derecho inalienable a hacer deporte en un contexto off road apropiado, con la naturaleza de testigo y con las normas fiscalizadas, mientras en países seguramente con más cultura que el nuestro están practicando desde hace rato, con campeonatos en marcha y aficionados contentos, aunque tengan que verlos a distancia por los medios tecnológicos existentes.

Lo de la “última cama” podrá resolverse de alguna forma por su escasa recurrencia; lo de las fases se podrá superar con flexibilidad y empatía hacia esos deportes cuyo asfalto es el grip del cerro, la huella de los campos. Lo más difícil, sin embargo, será sacar de esa profunda e irritante tranquilidad, letanía, de los que tienen que mover las ruedas y no lo han hecho.

Saben muy bien a quiénes me refiero y vamos por ellos…

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